La situación de cuarentena incrementa los factores de riesgo y obstaculiza los abordajes de las violencias machistas. En plena emergencia sanitaria, los servicios de atención para prevenirla corren detrás del tiempo y ensayan respuestas extraordinarias para acompañar a personas en situación de víctimas. Entre ellas está el trabajo con los (potenciales) agresores. “No porque nos enternezcan”, explican Ignacio Rodríguez y Luciano Fabbri, sino porque encerrados son una bomba de tiempo, porque se trata de una política de reducción de daños y cuidados, y porque así lo recomienda la ley para prevenir, sancionar y erradicar las violencias contra las mujeres.

Nota completa: Revista Anfibia